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viernes, 18 de enero de 2013

Invierno Capítulo 11


KYRAN
Los días de viaje hacia el norte eran cada vez más fríos. El otoño se hacía notar cada vez más y al mercenario había días en los que le costaba mantener la compostura. Sin embargo, a su acompañante parecía agradarle, tenía nostalgia en la mirada cada vez que se fijaba en ella, y a veces incluso atisbaba una sonrisa. Él no podía cambiar eso, no podía permitírselo. Se había dicho a sí mismo que la llevaría a casa, y por mucho frío que hiciese, por muchas lluvias y nevadas que tuviese que soportar, lo haría.
Mina no era tonta, por supuesto, y no era ajena a los cambios que estaba sufriendo su acompañante. Por las noches era el primero en dormirse y el que más temblaba con el frío. Más de una vez le había sugerido volver al sur, que a ella le era indiferente su destino, pero Kyran se negaba, alegaba cualquier excusa sobre que en el sur ya no encontraba buenos encargos y continuaban su marcha hacia el norte.

Habían dejado atrás Foso Cailin, Invernalia cada día estaba más cerca y el camino se acortaba cada vez más entre ellos y Bosquespeso. Cuando no dormían al raso era porque encontraban alguna posada en el camino en la que podían alojarse, cosa que sus cuerpos agradecían sobremanera, sobre todo cuanto más al norte iban. Las semanas de viaje que tan largas les habían parecido, a Kyran le dio la sensación de que habían transcurrido demasiado rápido. El mercenario había aceptado algún trabajo por el camino y gracias a ello continuaban durmiendo en posadas, por ello se alegraba, pero por otra parte no quería dejar atrás a su compañera cuando emprendiese un nuevo viaje.
Días antes de llegar a Invernalia, Kyran decidió desviarse hacia el noroeste, hacia el Bosque de Lobos. A Mina no le pasó desapercibida aquella decisión, pero guardó silencio. No se la veía demasiado alegre de pasar por allí y eso desconcertó a su compañero.
La segunda noche que acamparon en el interior del bosque, Kyran comenzó a sentirse observado, aunque cada vez que miraba a su alrededor no veía más que árboles y nieve. Mina parecía estar como en casa, dominaba la fogata sobre la nieve, encontraba leña seca e incluso cazaba algún animal. Kyran sin embargo se sentía torpe y débil, y la extraña sensación que lo había acompañado desde que habían entrado en el bosque no hacía que se sintiera mejor. Conforme se adentraban en el bosque, sentía como si estuviese entrando en la boca de un gran lobo. No obstante se arrimó a la hoguera y puso su mejor sonrisa a disposición de su compañera.
-No habéis tomado este camino por casualidad –le dijo ella, de repente-. ¿Qué pretendéis?
Kyran agachó la cabeza. De repente, la pata de liebre que se estaba comiendo le resultó indiferente y la dejó a un lado.
-Llevaros a casa –respondió-. Es donde debéis estar.
Mina lo miró con aquellos ojos tan azules que tenía con una expresión en el rostro difícil de descifrar. Kyran no sabía muy bien qué reacción esperaba, pero desde luego, no aquella.
-Debería haberlo sabido –dijo la chica mientras se levantaba y sacaba su estilete de la bota donde lo llevaba guardado-. Os contrató mi tío, ¿verdad?
-¿Qué? ¡No! –exclamó.
-Sólo accedisteis a dejarme libre cuando os dije mi verdadero nombre –continuó ella sin bajar el cuchillo.
-Porque fuisteis sincera –respondió el mercenario poniéndose en pie también-. Porque sois hija de nobles, porque no teníais un hogar al que volver.
Al ponerse en pie sintió un escalofrío. El bosque bailó ante sus ojos durante un segundo y le pareció que a lo lejos alguien susurraba su nombre. Pero tan sólo fue un instante, porque enseguida volvió a escuchar las recriminaciones de Mina.
-Sigo sin tener un hogar al que volver –Mina retrocedió un par de pasos-. ¿Qué pensáis? No porque me presente de golpe en el castillo van a cederlo por las buenas. ¡Mis propios hombres me traicionaron cuando llegó mi tío!
“Es donde ella debería estar” pensó. “Debería estar allí en lugar de su tío”.
La presión que el bosque ejercía sobre él parecía ser más fuerte aquella noche. Rehuía los ojos de Mina, estaban llenos de ira y de odio y no podía soportarlo. La cabeza comenzó a darle vueltas de nuevo, y otra vez oyó su nombre susurrado por los árboles. Durante un instante creyó haber visto un par de ojos grises mirándolo desde la espesura, pero debió haberlo imaginado. Cuando volvió a mirar, no había nadie allí. Sólo estaban ellos dos.
-Hemos hecho todo este viaje juntos –continuó el mercenario manteniendo su voz lo más firme posible-. Hemos dormido bajo techo gracias a mí, muchas veces os he dado de mi comida y he hecho uso de mi espada por vos –esta vez sí buscó sus ojos y vio, con cierto alivio, que esta vez había un atisbo de duda en ellos-. Después de todo esto, ¿seguís sin confiar en mí?
Le siguió un silencio tenso. Esta vez, él no apartaba sus ojos de los de ella, con la esperanza de que entrase en razón, que viese la realidad, que él no quería hacerle ningún mal, que él sólo… Que él la quería, por muchos esfuerzos que hiciese por negárselo a sí mismo.
-Debí… -la voz de la chica tembló y el brillo del fuego en sus ojos parpadeó-. Debí haberos matado la primera noche.
Algo dentro de él se rompía, algo importante, pero en aquellos instantes no hubiese sabido decir el qué. Kyran estaba conmocionado, asimilando lo que su compañera, al menos compañera hasta aquellos momentos, acababa de decir. Ambos se miraron pero sin mirarse realmente. Se podía adivinar que las palabras que Mina acababa de pronunciar estaban haciendo mella en ella también, porque era evidente que se esforzaba por mantener tranquila su respiración.
Kyran fue el primero en moverse. Haciendo caso omiso del estilete que llevaba la chica en la mano, empezó a recoger las cosas como si nada hubiese sucedido, pero que realmente todo había cambiado. Sentía los ojos de ella clavados en él, pero el mercenario los ignoraba. Cuando lo tuvo todo, exceptuando el estilete y el propio caballo, se volvió para verla una última vez pensando en qué decirle.
-Quedaos con el caballo –su voz sonó tan fría que hasta él mismo se sorprendió-. Yo puedo conseguir otro más fácilmente.
Sin esperar respuesta, dio media vuelta y se internó en la espesura, sin detenerse, sintiéndose un estúpido por no haber dicho algo con más sentimiento que hablar de un simple caballo que además había robado. Poco a poco, fue naciendo en él la ira, una ira que nunca se creyó capaz de sentir. Cría desagradecida, ¿acaso no había hecho él todo lo posible por llevarla a casa? ¿No había sido más caballeroso él que cualquiera de los bandidos con los que viajaba?
Kyran
¿Es que no le había demostrado que era de confianza al no llevarla a Harrenhal? Había sido justo con ella, le había dado privacidad cuando la necesitaba, no había permitido que pasara frío por las noches, le había pagado estancias en distintas posadas que de otro modo seguramente no hubiese conseguido.
…Kyran…
¿Y ella qué había hecho? Acababa de pisotearlo como si de escoria se tratase, porque claro, él no era más que eso, un bastardo de Lannisport mientras que ella, como buena noble, sí que se merecía un destino mejor que él. ¿Qué más daba si él había llegado o no a amarla? ¿Qué siete infiernos le importaba a Ledya?
…Kyran…
Se detuvo de golpe. Inconscientemente había caminado hacia el susurro que creía haber imaginado. Se preguntó qué demonios hacía allí, dónde diantres estaba y cómo hacía para salir del puñetero bosque. Se sintió culpable, culpable por haber pensado en Mina como si fuese Ledya. No podía culparla por ser desconfiada, no podía hacerlo dado su situación. Se maldijo una y otra vez, no debió haber pensado en Ledya.
Pensó en volver, pero no había nada por lo que volver. Mina seguiría pensando de él lo mismo que cuando se había marchado, que simplemente era un mercenario contratado por su tío. Se dijo que era un estúpido por no haber pensado antes en su maldito tío. Aquella historia de Veneno de Dragón le había carcomido por dentro.
Pero, sin embargo, se dio la vuelta.
Y allí la vio. Una joven de piel tan blanca como la misma nieve, que únicamente llevaba puesto un fino vestido del mismo color, cuyos ojos grises lo observaban con divertida curiosidad y sus cabellos caían a su espalda, blancos con unos pocos mechones de color rojo sangre.
Se preguntó qué hacía una chica así en aquel bosque, así vestida y mirándolo a él, pero antes siquiera de que pudiese abrir la boca, ella sonrió mostrando dos hileras de dientes blanquísimos y perfectos.

2 comentarios:

  1. Uy, qué mal rollito... Fantástico capítulo :)

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    1. Gracias! :3 Este va a ser el último de Kyran según lo que yo tengo pensado... Jujuju.

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