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sábado, 23 de marzo de 2013

Invierno Capítulo 12


MINA
La tensión aprisionaba su pecho mientras se esforzaba por mantener la compostura. Llorar no solucionaría nada, así que no iba a hacerlo. Se había dado cuenta nada más se hubo marchado de que el mercenario no mentía, que realmente no quería hacerle daño, pero la cercanía de su antigua casa la hacía sentirse algo más paranoica. Seguramente Kyran no volvería aquella noche, pero decidió esperarle de todos modos.
Removió las brasas que quedaban con un palo y añadió un poco más de leña al fuego. Si se había perdido por el bosque, aquello le serviría de guía. Se acurrucó junto al caballo, que estaba recostado, bastante más fatigado de lo habitual, pero que podría darle calor aquella noche, se cubrió de mantas y procuró dormir.
Un crujir de hojas la sobresaltó. Al abrir los ojos, vio una silueta blanca al otro lado del fuego. Cuando miró mejor, el corazón se le paró. Sentado, mirándola, había un enorme león blanco. La melena brillaba tenuemente con la luz del fuego, y sus ojos verdes la observaban con serenidad.

Mina no se movió, sin saber si estaba paralizada por el miedo o es que se trataba de un momento tan mágico que no se atrevía a romperlo. Siempre había oído hablar de animales blancos, los cuentos decían que eran bestias mágicas casi imposibles de encontrar si no quieren ser encontradas.
El león se acercó entonces a ella y el corazón se le aceleró. Andaba de esa forma tan natural y elegante de andar de todos los felinos. La miró fijamente hasta estar tumbado muy cerca de ella. Un suave gruñido, muy parecido a un ronroneo, le indicó que se quedaría allí probablemente toda la noche. La criatura acomodó su cabeza y comenzó a dormir. Mina, en cambio, seguía fascinada con el animal. Emitía un aura de tranquilidad, pues poco a poco sintió que estaba allí por algo, y ese algo no era la cena, así que finalmente acabó acomodándose ella también y quedándose dormida.
Cuando despertó, no le sorprendió ver que Kyran no había vuelto, pero no la animó demasiado. El león seguía allí, en cambio, bastante tranquilo mientras la observaba con sus ojos verdes. Mina seguía siendo cautelosa con él, ya que no entendía aquel comportamiento. No obstante, optó por hacer como que no estaba y, muy a su pesar, levantó el campamento. No podía esperar más a Kyran.
El caballo parecía reacio a moverse. Mina logró que se pusiera en pie a duras penas. Supuso que no duraría mucho más con aquel frío, así que simplemente lo cargó con las mantas y lo guió hacia el sur para salir del bosque. Para su sorpresa, el león se levantó y la siguió. La chica se esforzaba por ignorarlo, pero aquella enorme masa blanca la seguía, y aquello era difícil de pasar por alto.
Debido al caballo, les llevó gran parte del día a salir del bosque. El animal cada vez iba más lento, y Mina supo que ya no podía hacer nada por él. Se resistía a dejarlo porque le recordaba al día que se encontró con Kyran. Parecía ya muy lejano aquel recuerdo.
Dejó que el caballo volviese a tumbarse. El león le tocó el brazo con la cabeza, como intentando consolarla. Aquella criatura no dejaba de sorprenderla. Con miedo, alzó la mano para acariciarlo. Le pareció una locura, pues estaba segura de que en cualquier momento el león le arrancaría la mano de un mordisco. No obstante, lo acarició, y al león pareció gustarle, pues reaccionó con un cariñoso lametazo. Aquello la hizo reír y sentirse más segura. No estaba sola.
Acarició con tristeza el pelaje gris del caballo. Le daba lástima dejarlo atrás, pero no podían quedarse más tiempo allí. Se echó una de las mantas encima para resguardarse del frío que les ampararía la siguiente noche y continuó hacia el sur, hacia la salida del bosque. Siempre había sabido orientarse bien por aquel lugar. El león continuó su marcha con ella y eso, en vez de preocuparla, esta vez la alivió.
Comenzó a vislumbrar a lo lejos la luz del atardecer. Podía ver el final del bosque. Salió al sendero, el camino más fácil hacia la salida para abandonar el lugar cuanto antes. No se percató del sonido de cascos que venía desde el otro lado.
Oyó un rugido, un relincho y un hombre gritándole al caballo que se detuviese. Vio como el hombre desenvainaba la espada al bajar de un caballo marrón, visiblemente nervioso, y se dirigía hacia el león blanco que la acompañaba. Reaccionó deprisa y se interpuso entre el extraño y el león, con quien había establecido ya un vínculo. Mina se quedó allí, abrazada al león, esperando un golpe que nunca llegó. Sólo se oía el resoplar nervioso del caballo y la respiración de su león. Mina abrió los ojos y se dio la vuelta.
-Por los siete… ¿Qué hacéis vos aquí? –preguntó el extraño, que vestía ropas de mucho abrigo y apenas se le veía la cara.
Una cara que le era familiar.
-¿Hugo? –logró preguntar.
El hombre desmontó. Una maraña de pelo rizado que momentos antes se agitaba alborotada por el viento caía ahora sobre sus ojos ambarinos, pero aun así Mina estaba segura de que no podía olvidar aquellos ojos, aun después de tantos años. El joven pareció dudar al principio, pero en cuanto ella se lazó a sus brazos, se fundieron en un cálido abrazo tal y como hicieran antaño en señal de la buena amistad que guardaban.
-Los dioses han sido buenos conmigo, os he encontrado antes de lo que imaginaba.
-¿Me buscabais? –preguntó ella-. ¿Después de tantos años?
-Aunque no lo parezca, ha sido la primera oportunidad que he tenido –sus miradas se encontraron una vez más, Mina bebió de aquellos ojos que creía haber perdido.
-¿Pero por qué?
-Vuestro tío está débil –respondió el otro-. Es posible que no pase de este mes.
La noticia la cogió desprevenida. Parecía que desde que había entrado en el bosque, estaba destinada a regresar a casa. Sin embargo, negó con la cabeza.
-Sigue estando mi primo –musitó-. Además, los soldados no me apoyarían por ser una mujer. Ya me traicionaron una vez.
Detrás de ella, el león se acercó hasta rozarle el brazo con el hocico. El caballo de Hugo no parecía inquieto ante su presencia. El único que lo miraba con cierto recelo era el joven guerrero.
-Tal vez si os presentarais allí con vuestro amigo, les sería más difícil acercarse –dijo.
Mina reparó nuevamente en el extraño e inesperado compañero de viaje con el que ahora contaba. El león se aseaba con su lengua mientras ellos hablaban. El miedo que al principio le había inspirado se había esfumado por completo.
-No puedo volver –insistió.
-Sigue desapareciendo gente en el bosque –Hugo parecía decidido a no darse por vencido-. Hace unos días desapareció otro niño, sin hablar de la gente que lleva desapareciendo estos años. Y aun así logramos encontrar a vuestro primo sano y salvo…
Aquello sí que le resultó curioso. No había olvidado la misteriosa desaparición de su hermano, la que había comenzado todo aquel lío en el que ahora se hallaba inmersa. Había perdido las esperanzas de encontrarlo vivo, pero la inquietud y la necesidad de saber qué fue lo que le pasó seguían allí, tan vivas como el primer día.
-¿Mi primo salió de ese bosque? –preguntó.
-Sin un rasguño. Yo mismo lo encontré.
Algo se le escapaba. Su primo no conocía aquel bosque, su hermano, aunque tampoco lo conocía, tenía buena orientación, y sin duda habría sabido volver. Y tanta gente desaparecida en aquellos años… Algo no le cuadraba. Había algo en el bosque, de eso estaba segura.
-¿Hacia dónde ibas ahora? –le preguntó al muchacho.
-Tenía pensado viajar hacia el sur –respondió-. Hacia Invernalia. Supuse que no habríais ido mucho más lejos.
-¿Mi tío conoce tu destino real?
-Lo conoce, pero le dije que me disponía a solicitar hombres a lord Stark.
Mina sonrió. Hugo siempre había sido muy precavido y sabía borrar muy bien sus huellas. Aquello le gustaba en él, la hacía sentirse segura a su lado. Sin embargo, un triste pensamiento le vino a la mente. Había perdido a Kyran en el bosque.
-¿Qué os proponéis hacer, mi señora? –Hugo interrumpió el hilo de sus pensamientos. Miró de reojo al león, que parecía atento a la conversación. Dos compañeros de viaje inesperados.
-Creo que sé de alguien que podría proporcionarnos información –musitó, no muy segura de sus palabras-. Me acogió en su casa al poco de marcharme de Bosquespeso.
-¿Qué tipo de información? –preguntó  el otro mientras preparaba de nuevo su caballo para partir.
-Se trata de un viejo maestre que vive retirado. Vive en una cabaña, al norte de la Ciudadela de Torrhen.
-Bien, pues allí nos dirigiremos –le tendió una mano para ayudarla a subir al caballo; ella subió sin ayuda, cosa que hizo sonreír al chico.
Hugo tomó las riendas y caminó a su lado mientras el león lo hacía en el otro. Mina sonrió al verlo tan dispuesto a acompañarlos. Decidió que debía ponerle un nombre.
“Perdí un compañero para ganar otro” pensó. “Lyran será un buen nombre.”
-Mi señora, ¿puedo preguntar el nombre de dicho maestre? –preguntó Hugo mientras guiaba al caballo hacia el final del bosque, donde la luz ya se filtraba entre las ramas de los árboles.
-Deja el tratamiento señorial, Hugo, no soy señora y es probable que no vuelva a serlo –respondió-. Pero sí, te diré el nombre. Nuestro maestre se llama Bárnabas Denor.

1 comentario:

  1. buenas, era para felicitarte por este relato, ya que me ha atrapado. Solo queria saber si piensas retomarlo o se va a quedar en el olvido. Avariciosamente espero que lo retomes, asi que humildemente te suplico que lo retomes jeje. Bueno solo era para agradecerte esta historia que emprendiste, con la pequeña esperanza de que se te removiera el gusanillo y decidieras retomarla.

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